El baile, desde que tengo memoria, fue parte de mi vida diaria y me enseñó sobre disciplina, fuerza, flexibilidad, coordinación, equilibrio, pero sobre todo a relacionarme con mi cuerpo. Cuando descubrí la práctica de yoga se comenzó a transformar esa relación. Aunque ambas disciplinas trabajan con el cuerpo y el movimiento, la forma de experimentarlo es diferente. Mientras que en el baile se le exige más al cuerpo para que sea flexible, preciso o soporte un mayor nivel de esfuerzo, el yoga me llevó poco a poco a observar cómo se siente una postura, respirar de manera consciente y controlada y aprender a escuchar los límites de mi cuerpo.
Esta experiencia me hizo cuestionarme la idea que tuve siempre de que mejorar significa llegar más lejos. La práctica de yoga me hizo comprender que la mejora o el desarrollo también está en controlar, respirar, percibir.
En este artículo busco reflexionar sobre la relación del baile y el yoga desde mi propia experiencia como bailarina. El objetivo no es presentar al yoga como sustituto del entrenamiento de danza, sino hablar desde mi experiencia personal y analizar la práctica de yoga como posible herramienta complementaria para favorecer una relación consciente y en equilibrio con el cuerpo.
De la flexibilidad al control.
Durante mi tiempo como bailarina desarrollé capacidades que después me ayudaron dentro de mi práctica de yoga, que quizás el tenerlas me hizo pensar que este era "fácil". Sin embargo, con el tiempo empecé a identificar una diferencia importante, conocer las posibilidades de mi cuerpo no significa saber escucharlo.
Uno de los aspectos que más me ha hecho reflexionar al comparar mi experiencia en la danza con mi práctica de yoga es el concepto de flexibilidad.
Desde mi experiencia personal soy alguien con una flexibilidad muy desarrollada y al ser así toda mi vida pensaba que entre más amplitud y más lejos llegara mi cuerpo sería mejor, incluso al entrar por primera vez a practicar yoga lo que buscaba era ganar aún más flexibilidad. Sin embargo, la práctica me hizo darme cuenta de que si, si era muy flexible pero no podía controlar todas las posturas debido a ese rango de movimiento que tiene mi cuerpo.
Por lo tanto, esta diferencia entre amplitud y control fue algo que empezó a sonar en mi cabeza. Mi cuerpo no necesitaba ser más flexible, necesitaba tener la capacidad de estabilizarse y controlarse. Y gracias a esto mi atención empezó a dirigirse a no dejar de lado mi flexibilidad pero sí enfocarme en trabajar mi fuerza y control.
Por esta razón, considero que el yoga puede aportar una perspectiva diferente a un bailarín, no llevarlo a la práctica para que desarrolle flexibilidad, sino que busque el controlarla. Al menos en lo que yo viví, se me exigía tener más flexibilidad pero sentía que las piernas en ocasiones no las controlaba o incluso los brazos y se que no era la única y esto en la danza puede verse "sucio" ya que el movimiento se ve aventado. El yoga podría ser una herramienta para el bailarín ayudándolo a descubrir la fuerza y el control que puede obtener a través de esta y que su baile y alineaciones se vean beneficiadas a través de la consciencia corporal que se desarrolla y que pase de tener una flexibilidad sin control a líneas y aperturas amplias y precisas.
La danza, el yoga y el equilibrio
El equilibrio y la propiocepción son fundamentales para la práctica de un bailarín. Por lo general el equilibrio y la estabilidad si se trabajan en un entrenamiento de baile, precisamente por la importancia que tienen pero debido al ritmo y exigencias que en ocasiones puede tener una clase, no se trabaja de manera consciente. Desde mi experiencia, muchas veces la atención se dirigía más a alcanzar una posición, dejando a un lado la manera en la que el cuerpo sostiene y controla esa posición.
Recuerdo, por ejemplo, un ejercicio en específico donde se nos pedía hacer un split de pie, aunque para realizar el ejercicio era necesario el equilibrio sobre la pierna de apoyo, mi atención se enfocaba en abrir cada vez más y se dejaba de lado el objetivo principal ya que por abrir más me caía.
Un concepto que me pareció interesante es el de "Mula Bandha" y justo hablando de sobre el equilibrio me parece importante mencionarlo. Mula bandha consiste en contraer y elevar el piso pélvico, ¿pero para qué?.
Se dice que practicar Mula bandha ayuda de distintas maneras, desde canalizar la energía, hasta de manera física pero me gustaría enfocarlo principalmente en dos aspectos que yo personalmente es donde he percibido que me ha ayudado, el equilibrio y la concentración. Desde que comencé a incorporar este concepto de manera consciente en mi práctica de yoga pude observar que mi equilibrio ha mejorado, incluso cuando olvido activarlo he notado que no ejecuto ciertas posturas de la misma manera, en especial las de equilibrio. Considero que esto se relaciona con la concentración, ya que al activar conscientemente el piso pélvico me ayuda a estar más presente y enfocada.
Por lo tanto, ¿hacer mula bandha, hubiera ayudado durante mi época de bailarina?. Desde mi experiencia personal, considero que sí. El haber tenido este concepto y técnica pero sobre todo haber entendido cómo aplicarlo conscientemente, hubiera sido una herramienta útil.
Durante una clase de baile escuchas ciertas especificaciones como cierra las costillas, activa el centro, crece, contrae el abdomen y a mi punto de vista esto me suena un poco a lo que ocurre al hacer mula bandha, pero el conocer el concepto de manera específica permite que la atención esté más enfocada, no solo de manera externa, sino de comprenderla y percibirla internamente.
Entonces, ¿por qué trabajar el equilibrio en una práctica de yoga?. Desde mi perspectiva, considero que el yoga ofrece un espacio donde esta capacidad no solo se entrena, se observa. En sí la diferencia no es el ejercicio ya que hasta cierto punto los ejercicios en ambas disciplinas se parecen, sino la intención con la que se realiza, pasas de intentar lo más posible estar en una postura solo porque te dicen que lo hagas a percibir qué es lo que necesita tu cuerpo para encontrar esa estabilidad, desde cómo distribuir el peso hasta la respiración.
La respiración como parte fundamental
El elemento que más adquirió significado para mí a través del yoga fue la respiración. Cuando solía hacer rutinas de baile, estamos hablando de 2 a 3 minutos en las que no había ninguna pausa, experimentaba constantemente una sensación de quedarme sin aire y al terminar la rutina me sentía completamente ahogada.
Quizás parezca extraño ya que un bailarín debería tener una buena condición, sin embargo esta sensación la experimentaba constantemente, incluso en ejercicios que no llegaban a ser tan exigentes. No necesariamente me ahogaba pero respiraba de una manera muy acelerada, sintiendo que no podía recuperar el aire.
Al principio, siendo muy sincera, me parecía aburrido o incluso raro que nos pusieran a hacer ejercicios para respirar pero incluso aquí la sensación de quedarme sin aire no desapareció, me sentía agitada durante la práctica y no llegaba a concentrarme lo suficiente por pensar en que ya estaba cansada. Poco a poco fui entendiendo que no se trataba solo de inhalar y exhalar sino de aprender a observar la respiración, reconocer el ritmo, acompañar el movimiento y autorregularme.
Al relacionarlo con mi experiencia como bailarina, siempre me pregunté: ¿qué hubiera ocurrido o cómo me hubiera sentido si hubiera sido consciente de mi respiración?. Quizás no solo se relacionaba con mi condición física, sino también a la forma en la que respiraba mientras bailaba.
Esto no significa que el yoga sustituya el trabajo cardiovascular o la preparación física del bailarín pero considero que este puede aprender a utilizar su respiración de forma consciente y disfrutar aún más del movimiento.
Una frase que tengo muy presente que mis maestros de yoga me han transmitido es "aprende a respirar en la incomodidad" ya que no solo aplica en el yoga, también aplica en nuestra vida diaria en la que todos los días nos topamos con situaciones incómodas pero no por eso dejamos de respirar. Relacionando esta frase con el baile me parece algo muy útil ya que el bailarín atraviesa por un sin fin de posturas, ejercicios o movimientos incómodos y el aprender a disfrutarlos acompañados de la respiración le ayudaría a que su entrenamiento sea más llevadero y hasta cierto punto disfrutable.
Lo que habría necesitado como bailarina
Mirando mi experiencia y trayendola al presente me pregunto: ¿en que me hubiera beneficiado la práctica de yoga durante mi etapa de bailarina?.
Algo que el yoga me ha enseñado es que el escuchar y observar el cuerpo también es un entrenamiento. No como un entrenamiento exigente, sino de reconocimiento, como por ejemplo; cuando existe tensión, cuando una postura no se siente bien y necesita modificarse, cuando mi cuerpo necesita descansar o cuando mi cuerpo siente que no es el momento de intentar o llevar más allá una postura.
Esta perspectiva cambió mi manera de pensar y ver, empecé a comprender que reconocer mis límites tampoco significa frenar las capacidades de mi cuerpo, sino de aprender a trabajar en ellas de manera consciente. Precisamente esto puede ser importante para un bailarín cuyo cuerpo está sometido a demandas físicas.
Por esto, considero que el yoga puede ofrecer un espacio para observar el cuerpo, reconocer lo que necesita y responder ante esa necesidad. Esta conciencia no sustituye la preparación de un bailarín pero puede ayudar a que este desarrolle una relación más consciente de su cuerpo y desde mi punto de vista favorecer prácticas de entrenamiento más cuidadosas que ayuden a disminuir el riesgo de llevar el cuerpo más allá de lo que puede tolerar.
Conclusión
Al mirar atrás en mi experiencia como bailarina desde lo que conozco hoy gracias al yoga, puedo reconocer que ambas disciplinas me han enseñado cosas distintas pero que a la vez pueden complementarse. El baile me enseñó a expresarme a través de mi cuerpo y el yoga me enseñó a escucharlo.
A través del yoga entendí que tener flexibilidad no se relacionaba con controlarla, que mantener una postura no consiste solo en llegar a ella y que respirar no solo es en automático. Hoy entiendo que también existe un progreso en aprender a respirar, encontrar estabilidad y reconocer límites.
Por ello, considero que el yoga puede ser una herramienta complementaria y valiosa para un bailarín, nunca para sustituir su entrenamiento técnico ni para exigirle más a su cuerpo, sino para ayudarlo a comprenderlo y sobre todo escucharlo.